Hubo una vez una sociedad democrática que naufragó en su transición hacia la democracia. Existió una vez un país donde quienes pensaban diferente eran asesinados. Donde el lienzo de una sociedad ideal se imponía sobre la sociedad realmente existente a ritmo de parabellum y titadyne. Los restos de aquella tragedia social, política y humana son recogidos hoy por Iñaki Arteta en Trece entre mil.Se trata de un documental comprometido, hecho a cara descubierta contra el terror, contra el olvido, militando en el bando de los que han sufrido. Sin impertinentes equidistancias. Por la pantalla desfilan las entrevistas a los protagonistas de la tragedia: viudas repletas de coraje que permanecen como concejales constitucionalistas en sus pueblos, hijos que han perdido el faro de sus vidas, padres que constatan que la venganza no es posible porque ellos "no llevan esa maldad dentro"...
El dolor y el horror se dan la mano en Trece entre mil, mediante sinceras entrevistas combinadas con imágenes de archivo. El archivo de las vidas que pudieron ser y no fueron; las imágenes domésticas (felices por definición) de un puñado de almas que permanecen en el recuerdo y cobran nuevamente vida gracias al poder del cine.
Un poder que permite a Arteta propinar este necesario puñetazo en las conciencias. Un cine que emociona hasta la catarsis, que llena de rabia cívica y de piedad humana al contemplar cuál es realmente el conflicto vasco y qué demonios implica la supuesta "liberación" de una patria.
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